El mundo actual funciona con aplicaciones, desde la banca en línea y aplicaciones de trabajo remoto hasta el entretenimiento personal y el comercio electrónico. Por tanto, no es de extrañar que las aplicaciones sean el objetivo principal de los atacantes, que se aprovechan de las vulnerabilidades como los fallos de diseño, así como de las debilidades de las API, el código abierto, los widgets de terceros y el control de acceso.


